El reto del derecho a la educación: un año después de los ODS

Por Lucía Rodríguez, trabaja en la Federación Fe y Alegría y lidera la Red GIAN por el Derecho a la Educación de Calidad.

Hace un año se reunieron los Jefes de Estado de todos los países del mundo en la Asamblea de las Naciones Unidas y aprobaron la Agenda de Desarrollo Sostenible. Se acordaron 17 grandes objetivos mundiales para afrontar grandes retos universales como la pobreza extrema, la creciente desigualdad de oportunidades y el cambio climático. Este acuerdo universal para los próximos 15 años compromete a todos los Estados a tomar las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, la convivencia pacífica y la sostenibilidad del planeta.

De acuerdo con este gran ‘contrato’ internacional, antes de que finalice el año 2030 se habrá logrado el Objetivo Nº 4 según el cual, todas las personas del planeta sin excepción, disfrutaremos de una educación equitativa y de calidad  y de la posibilidad de aprender a lo largo de toda nuestra vida.

La educación de todas las personas a lo largo de la vida es un derecho reconocido desde 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.  No es un derecho cualquiera, ya que sin él es prácticamente imposible acceder al resto de los derechos humanos y disfrutar de las libertades fundamentales.  Sin embargo, la realidad nos muestra que es un derecho que se viola de manera sistemática en todo el mundo.

Resulta muy difícil de aceptar que en pleno siglo XXI tengamos que denunciar que 758 millones de adultos -de los cuales 114 millones tienen entre 15 y 24 años- no pueden leer o escribir una frase. De todos ellos, dos tercios son mujeres. Mientras tanto, otra parte de la ciudadanía mundial puede acceder mediante un solo clic a la mayor biblioteca del mundo gracias a una conexión a internet.

Los últimos datos que arroja UNESCO en su informe Educación para las personas y el planeta (septiembre 2016) hablan de 263 millones de niños, niñas y adolescentes fuera del colegio (61 millones en edad de cursar educación primaria, 60 millones de educación secundaria de primer ciclo y 142 millones de educación secundaria de segundo ciclo).

"La educación es un bien público que nos conviene y beneficia a todos, es un asunto que compete a toda la sociedad".

Y esto tiene consecuencias dramáticas porque, negando su derecho a la educación a millones de personas las estamos condenando a mantenerse en la pobreza y la marginación o a recurrir a la violencia para resolver los conflictos. La educación tiene el potencial de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas. Además, la falta de educación limita las posibilidades de encontrar un trabajo satisfactorio. En definitiva, cada niño, cada adolescente que no tiene la oportunidad de ir a la escuela no puede desarrollarse plenamente como persona.

Concebir la educación como un bien público es concebirla como un bien que nos conviene y beneficia a todos. La educación es un asunto que compete a toda la sociedad: en primer lugar, a los Estados, que deben proveer financiación, impulsar cambios legislativos y garantizar la justa distribución de los recursos, pero también a empresas, Iglesias, ONG, sindicatos… Todos somos corresponsables.

Un mundo sin analfabetismo y bien educado no será posible si no provocamos cambios políticos y culturales. La educación de calidad es un derecho para todos, no sólo para unos pocos y no podemos actuar como si no lo supiéramos. Es una cuestión de justicia y de dignidad. Proclamarlo, defenderlo, contribuir a que sea una realidad desde lo que somos, desde donde estamos cada uno de nosotros,  es un ejercicio de ciudadanía, es comprometerse con el futuro de los más pequeños y de los jóvenes, es abrir oportunidades y ofrecer esperanza para todos.

En Entreculturas, como parte de la Federación de Fe y Alegría y junto con el Servicio Jesuita a Refugiados, estamos comprometidos con el Derecho a la educación de calidad de todas las personas, especialmente de aquellas que viven situaciones de mayor vulnerabilidad o exclusión.   Promovemos el acceso a la educación en 41 países de África, América Latina, Asia y Europa, porque creemos que la educación es motor de cambio y justicia social.

En 1955, el P. José María Vélaz SJ junto al matrimonio de Patricia y Abraham Reyes que cedieron parte de su vivienda, creó la primera escuela en un suburbio de Caracas (Venezuela) dando origen a Fe y Alegría. Su esencia de la que también bebe Entreculturas es que “Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto”. Este compromiso con los más desfavorecidos está hoy presente en 21 países y ofrece cobertura educativa a 1.565.809 alumnos y alumnas. En España, Entreculturas ofrece programas de cooperación internacional,  voluntariado, propuestas de educación y acciones de incidencia pública para generar una cultura de solidaridad y cambio global.

Por su parte, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, por sus siglas en inglés) es una organización internacional que acompaña, sirve y defiende a cerca de un millón de personas refugiadas y desplazadas en 50 países. Fue creado en 1980 por el P. Pedro Arrupe SJ, entonces Superior General de la Compañía de Jesús. Entreculturas apoya al JRS en sus programas de educación de niños, niñas, jóvenes y personas adultas, dando prioridad a aquellos cuya situación es más urgente y no es atendida por otros.  

Fe y Alegría y el Servicio Jesuita a Refugiados son dos muestras de ‘educación en los márgenes’ promovidas por la Compañía de Jesús.  Son miles los hombres y mujeres que dedican su vida a hacer realidad el derecho a la educación en los más de 70 países donde la Compañía de Jesús está presente con iniciativas como la educación en la India a dalits "intocables"-, a poblaciones indígenas en diversas partes del mundo o la red Cristo Rey en Estados Unidos.

* Conoce más sobre el trabajo de la Red GIAN por el Derecho a la Educación de Calidad en Edujesuit

 

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